El día 11 va a hacer 4 años desde que tengo este blog. ¡CUATRO años! Me parece una barbaridad… todavía recuerdo aquel primer día que me puse a despotricar un poco sobre la navidad y decidí hacer un blog para que “la gente” leyera mis insensateces. Pero esta entrada no la quiero dedicar al blog, tal vez, si eso, el día 11 hago otra. Aunque no prometo nada, estoy demasiado vago últimamente para ponerme a escribir, cosa que me da mucha rabia.
No, esta entrada la quiero dedicar a este pasado 2009, en para mí, desde el principio de año, ha supuesto una revolución en mi vida. No es porque haya pasado el año, simplemente ha coincidido. No había tenido un año tan intenso en mi vida y jamás me había sentido tan a gusto conmigo mismo como hasta ahora. Sí, exacto, en en el próximo párrafo voy a empezar a resumir el año.
Esta revolución empieza gracias a Eider, comunista ella, casualidad, que me enseñó un mundo que coexistía con el mío y del que yo formaba parte sin querer darme cuenta. Parece que vaya a empezar una novela de ficción, pero no. Por eso en una ocasión dije que “ahora no estoy escribiendo John Wohl porque estoy viviendo la aventura yo mismo”. Y en parte es verdad.
Todo fue nuevo, la gente, los sitios, la forma de comportarse… Y voy a hacer mención a Schwarz, que gracias a él nos metió en un rutina de quedar los jueves por la tarde cuatro personas en un bar del Casco Viejo. Aquellos componentes de las “quedadas” que hacíamos eran Fernando, Oskar, Schwarz y yo. Desde hacía mucho tiempo que no me sentía integrado en un grupo. Todo sea dicho, que gracias, o por desgracia, de esto mi relación con Eider se fue mermando. Desde aquellos días de Febrero hemos mantenido la tradición de quedar todos los jueves. Cierto que han cambiado los componentes, pues a día de hoy nos reunimos Oskar, Gotzon, Roy y yo, y que ha tenido sus momentos bajos, como cuando sólo estábamos Oskar y yo… pero esto, aunque parezca que fuera malo, personalmente a mí fue una de las mejores cosas que me hayan podido pasar, porque Oskar es una de las personas más importantes de mi vida. Me gustaría dedicarle unas cuantas palabras, pero él ya sabe cuánto le quiero y cualquier cosa que diga no terminaría de hacerle justicia.
Estoy siendo un poco chapas, pero os jodéis, que estoy escribiendo como me viene a la cabeza y me intento acordar de todas las cosas. Si no os interesa, pues nada, dejáis de leer y listo, que nadie os va a echar la bronca.
Quiero recordar ese viaje que hice a Madrid, cuando todavía tenía el pelo largo (oh, Dios, cómo lo hecho de menos, no me dejéis volver a cortarlo) en los que estuve viviendo 5 maravillosos días en casa de Shun. Fui al Saturday Night Live (Mikel, queda pendiente ir en Nueva York), estreché lazos con mi gran amiga Shun, conocí a Andrea, un actriz para la que le escribí un guión, y por fin estuve en persona con Pedro, actor también, con el que llevaba meses hablando por el mésinyer. Lo que mejor aprendí en Madrid… es que es un asco convivir con cuatro perros, un gato y dos punkis. Todo animales. Pero oiga, puedo decir que lo he hecho.
Y rememorando aquellos días de febrero he de decir que tuve mi primera relación romántica, ohhh. Qué bonito. Keru le llamaba. Nunca le voy a negar que me dio unos cuantos de los mejores momentos de mi vida y que por eso, a día de hoy, que seguimos siendo amigos, le quiero con todo mi corazón.
También quiero mencionar la evolución que ha sufrido mi relación con Nuria. Ha pasado a ser una amiga con la que, por lo general, la veía cuando salíamos de fiesta, a ser la confidente de todos mis delirios los domingos por la tarde, o los lunes, o cuando se tercie.
Voy a pasar directamente al verano, en el que me fui a Reino Unido. Sí, señoras y señores, el viaje de mi vida. Me fui con Ka, Shun y Jaupi. Qué raros quedan aquí los nombrecitos, pero bueno, estoy seguro que si los ponéis en el buscador salen unas cuantas veces. Me encantó el hecho de ir a la aventura, de visitar nuevas tierra, nuevos paisajes, nuevas costumbres, ambientes, actitudes. Fue un poco como descubrir el mundo y probarnos a nosotros mismo de lo que éramos capaces con los pocos recursos que teníamos. Fue un auténtico viaje de supervivencia (vale, quizá no tanto, pero os aseguro que nos plantamos en Londres con una reserva para el siguiente día en Edinburgo y un billete de autobús. Todo lo demás que teníamos era una idea general de lo que queríamos hacer y un billete de vuelta a Madrid en 12 días). Nunca podré olvidar los cuentos de la yaya Shun en Fort Williams en la terraza del hostal, junto al fuego que añado ahora mismo con mi imaginación, ni las aventuras en el castillo de Caernaformsddfdhh (no sé ni cómo se dice ni se escribe), ni las maravillosas Muffins en el parque del Soho, ni la Canal Street de Manchester, ni la sentada en los jardines del “Baquinjam palas” comiendo jamón con la hogaza de pan, ni las llamadas interminables a los hostel de la siguiente ciudad, ni los prados de Gales, ni un montón de recuerdos que almaceno como tesoros.
Este año, además, ha sido el año en que por fin me he decidido a dejar esa carrera de Física que tanto me estaba amargando la existencia y me he cambiado a LADE. La verdad es que, aunque parezca un gran paso, la entrada en LADE no es que sea nada del otro mundo, simplemente me siento a gusto… pero no he conocido gente dentro de la carrera como para destacarla. Y esto me da pena porque en Física he dejado atrás gente que merecía mucho la pena, como Idoia, una gran mujer con la que intentamos entre los dos mantener el contacto y nuestra amistad no se muera.
Y ya, para ir acabando, quiero mencionar a una persona muy especial que ha entrado en mi vida recientemente, que se llama Mikel y que me ha vuelto hacerme sentir arropado por su amistad. Además, gracias a él, para qué nos vamos a mentir, he conocido a otras personas más como Iñigo y Eneko que me prestan su tiempo y su cariño cuando lo necesito. Ya sea para ir a ver a las Felinis los jueves por la noche (con parada obligatoria en la Bola de Cristal con Millenia y Yoghurina).
Así que en resumen, este año ha estado lleno de experiencias, buenas o malas, que me han hecho cambiar mi forma de ver la vida. Por eso os digo, Oskar, Mikel, Keru, Nuria, Eider, Eneko, Iñigo, Gotzon, Roy, Ido, Shun, Jaupi, Ka, Lara, Josu, Fernando, Aitor, Arkaitz, Jon Ander, Motta, Sergio, Alberto, Paula,… gracias por darme el mejor año de mi vida.
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