Me llamo Erdëlda Curumir e Ibon me ha pedido que relate brevemente la Historia completa de Reyweldon. He de admitir que me he mostrado un poco reticente a aceptar ya que es muy difícil relatar “brevemente” la Historia de Reyweldon, pero después de sus insistencias, finalmente he aceptado. Empezamos directamente desde el principio absoluto, el día en el que fue creada la primera raza.
La Historia de Reyweldon se podría separar claramente en dos eras: Antes y Después de Reyweldon. Se denomina “Historia de Reyweldon” ya que todos los habitantes que conocen la verdad sobre la Historia son Reyweldianos aunque el mundo de Reyweldon sólo lleve existiendo desde hace cinco mil años de los diez mil desde que existen las civilizaciones.
He de advertir a los lectores que la creación de las razas es hasta cierto punto especulativa, ya que no hay datos concretos de aquella época prehistórica. Aquellos fueron los tiempos de los Ancestros y los Dragones, y eso es prácticamente casi todo lo que sabemos, después sólo quedamos nosotros y no quedó ningún rastro de ellos.
Los Ancestros Creadores del Perfecto Equilibrio entraron en crisis poco antes de abandonar la faz de la Tierra. Para liberar esta tensión que poco a poco iba consumiéndolos, comenzaron a crear razas de partir de lo que ellos habían sido, entregando uno de sus dones (como seres perfectos) para que éstos se desarrollaran y continuaran la existencia. Para la creación mezclaron partes de sí mismos con el animal más desarrollado en aquel momento y, a través de la magia que se mueve por la cuarta dimensión, tuvieron como resultado a Los Duendes.
Los Duendes, aparte de los Dragones y los Ancestros, fueron la primera raza inteligente que caminó sobre nuestra Tierra, aunque fueron al principio salvajes, se pudieron ver los primeros rayos de civilización. El símbolo, representa la forma en la que fue creada la especie (exterior), así como la parte de ellos mismos que utilizaron (interior). Pero los Ancestros seguían en crisis y cada vez quedaban menos. No querían que se perdiera su creación, por lo que crearon otra especia más, para ayudar a la existencia de la otra y otorgándoles otra parte de ellos mismos.
Los Gnomos fueron creados entonces, tan inteligentes como los Duendes, pero un don nuevo les fue concedido: la supremacía de los sentidos. Los Gnomos serían más intuitivos ante los peligros de la naturaleza, más agresivos y mejores depredadores. Pero los Ancestros pronto desaparecerían y los Duendes y Gnomos no iban a conseguir una civilización con los valores de la Gran Sociedad de los Ancestros. Por lo que otra raza más fue creada, neutralizando sus dones.
Los Elfos, mezcla entre Duendes y Gnomos, la gran inteligencia de unos más los sentidos de los otros, mezclados con una parte más de los Ancestros, pues se les entregó la capacidad de la magia directa, la capacidad de curarse y curar a los demás, y para evitar el retroceso se les entregó la memoria genética y una vida longeva (sobre los dos mil años), memoria que heredan cuando pasan a la edad adulta (a los seiscientos años). Pero los Ancestros seguían preocupados por el florecimiento de la civilización y de la prevalencia de su cultura, por lo que crearon otra especie más.
Los Hundils llegaron entonces apaciguando cualquier posible tensión que se creara, pues ellos, gracias a su empatía sobredesarrollada y sus cuerpos más evolucionados, ayudaron a que la civilización avanzara más deprisa. Pero aún les faltaba algo.
Los Enanos, orgullosos trabajadores y artistas, pronto se convirtieron en los arquitectos, tanto físicos como intelectuales, de una sociedad que crecía por todos los caminos. La convivencia era buena, pero este exceso de confianza preocupó a los Ancestros, de los que ya quedaban pocos, y crearon una raza más.
Los Daknol, físicamente exquisitos, eternamente jóvenes y de corta vida. Introducidos en la sociedad para desestancarla pues, con el paso de tiempo, había envejecido y su próspero y fructuoso desarrollo se había detenido. De vida corta pero intensa, los Daknol pronto se convirtieron en la vida de las ciudades, en los aires frescos a las mentes de los Enanos, en los aventureros para los Elfos, en los retos científicos para los Duendes, en la pasión de los Hundils y en los mejores competidores de los Gnomos. Y tan contentos estaban los Ancestros con el resultado que entregaron a esta sociedad de razas el último de sus dones: la magia.
Los Humanos, creados a imagen de los Ancestros, los últimos en entrar en la sociedad y poseedores de su mayor don. La magia es lo que caracteriza a los Humanos, lo que facilitó su ingreso en los pilares de la nueva cultura de los Ancestros, ayudantes de todas las razas e inteligentes como la que más.
Los Creadores los habían conseguido, habían logrado trasladar su cultura y civilización a una forma de vida duradera y para ello se habían sacrificado ellos mismos. Pero todavía quedaban unos pocos.
Los Magos fueron creados directamente de los últimos Ancestros que quedaron. Se sacrificaron para que pudiéramos existir y murieron dando a luz a sus hijos, nuestros protectores, magia con forma física: los Magos. Con el Mago Reyweldon a la cabeza, ellos tomaron las riendas de todos los aspectos de la vida y la muerte.
Y a aquel día lo denominamos El Inicio de todos los Tiempos, el día que conocimos el Selquöm, el símbolo que representa nuestro mundo inscrito en la entrada de la Caverna de Noesis, donde toda nuestra existencia comienza.
A partir de aquí comienza nuestra histor
ia documentada. Esto es una conclusión personal a la que he llegado después de siglos de investigación y, en mi humilde opinión, creo que es un resumen bastante completo. En los próximos capítulos os relataré las primeras aventuras y empresas, la creación de las primeras ciudades y la colonización de lo que hoy es conocido como Reyweldon.


















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