Hará unas semanas me encontraba tranquilamente leyendo el periódico cuando desde la televisión me llegó una frase que sonaba algo así como: “El tiempo con alguien a quien amas puede ser efímero y trabajando puede ser eterno”. Nietzsche, pensé, parece que en Hollywood a veces estudian algo, veamos qué dice ahora. Y entonces me sentí insultado, ya que terminó diciendo “La teoría de la Relatividad de Einstein“. Aunque aquí no quedó lo peor, ya que su amigo el “científico”, impresionado con lo que acababa de decir le replicó con un “Cinco años estudiando en la Universidad de -inserte estado de EE.UU.- y es la mejor explicación de física que jamás haya oído”. Lo único que pude pensar es que acababan de robarle el prestigio a aquella universidad.
Mucha gente intenta explicar sucesos físicos a través de conclusiones personales que distan mucho de tener algo científico. Es una tendencia que está en alza en todas las sociedades gracias a situaciones como las que acabo de explicar. Es un ejemplo sencillo ya que, cualquiera que haya estudiado Relatividad Especial sabe que trata más de constantes que de relatividades. Aunque lo que más gracia hace es cuando, alguien sin educación científica, se atreve a descalificar los resultados obtenidos. Lo que no comprende es que la ciencia no entiende de democracias. Quien da la mejor teoría, gana. Es independiente de cualquier opinión personal.
El problema de este argumento es que pronto, los místicos (apodo cariñoso que utilizaré para las personas que creen en Horóscopos o Religiones), contraatacan con que al final la ciencia también es una cuestión de fe, que se cree en las teorías ciegamente y que al fin y al cabo sólo son eso, teorías. Esto viene precedido por dos razones. La primera es que la palabra Teoría está mal utilizada en el lenguaje coloquial, ya que se connota muchas veces con hipótesis o especulaciones. Una teoría científica está basada en evidencias, tiene bases matemáticas y ha de ser demostrable y deducible. Podríamos atenernos a la frase anterior y decir que una teoría está fuera de toda opinión personal y que además debe ser real. La segunda es que la ignorancia es atrevida.
¿Y qué es “real”? Otra pregunta filosófica o mística que se atreven a lanzar. Como ya he dicho, y he repetido, la realidad, al igual que la ciencia, no se ve inmiscuida en cuestiones morales, definiciones personales o reflexiones divinas. Es completamente independiente a la percepción humana, como ya ha demostrado al haber descubierto “existencia” más allá de nuestra percepción, y nadie pone en duda la propia interacción con el entorno, en un tiempo real. (Si alguien acaba de pensar en Matrix, solamente decir que la experiencia de los “enchufados” es un experiencia personal.)
Tiempo, donde había empezado esta entrada. No hace mucho mantuve una discusión en la que me argumentaban que el tiempo es personal, que sin hacer nada, para el individuo el tiempo no pasa y también me pusieron el ejemplo del hombrecillo ése que cree saber algo de física. La verdad es que me parece bien pensar así, puedes pasar tu vida sin hacer nada y no tener remordimientos de haber desaprovechado el tiempo ya que, para ti, ese tiempo no habrá pasado. Pero lo que es cierto, y ningún místico me lo podrá negar (por mucho que se empeñen) es que el tiempo para todo es el mismo, es absoluto. Si os preguntáis el por qué he puesto “el mismo” y “absoluto” en cursiva, es simplemente porque físicamente no es del todo cierto, ya que el tiempo está sujeto a la velocidad y la gravedad, pero no a vivencias personales.
Un interesante ejemplo de ciencia y misticismo está en el propio Albert Einstein, considerado uno de los grandes científicos del siglo XX. Y es que fue padre, sin quererlo, de la física cuántica, cuando explicó el efecto fotoeléctrico. Digo que fue curioso ya que Einstein renegó de la física cuántica, porque estaba basada en la aleatoriedad (por decirlo de forma rápida) y echaba por tierra el determinismo laplaciano (en el que se dice que, sabiendo la posición y fuerzas de todo el universo se podría determinar cómo estará en el futuro y cómo estuvo en el pasado), entre otras cosas. La postura de Einstein ante la evidencia fue “Dios no juega a los dados”. Por lo tanto, creer no es ver, si no engañarse a uno mismo.
Hay una paranoia generalizada en la que se cree que la ciencia lo explica todo y, por si fuera poco, afirma o desmiente todas las creencias místicas. Demasiado lejos de la realidad, ya que la ciencia solo habla de lo que puede explicar y no se mete en ningún momento en asuntos místicos, ya que estos están fuera de su alcance. Está claro que, ante un fenómeno paranormal, el científico siempre pensará que tiene una explicación lógica y demostrable, pero también sabemos que el místico pensará que ha sido algo de los astros, Dios, o cualquier fuerza sobrenatural que gobierne en ese momento en su mente. Aunque a veces me pregunto por qué la gente usa tanto tiempo en intentar aprender las ascendencias de aries por el este y las cartas del tarot, si todas esas “cosas” son más difíciles que la Química, la Biología o la Física.
Lo que está claro es que ningún ser humano puede ser completamente científico. Pero aún así, la ciencia requiere un estudio y cualquiera no puede llegar a ser científico. Se necesita tener un criterio, compresión y sobre todo, aceptar que te puedes equivocar. No, la ciencia no requiere de fe, es todo demostrable y siempre se puede llegar desde la suma más sencilla, hasta las ecuaciones de Maxwell.

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