Ya, ya, llevo mucho tiempo sin escribir. Bueno, pues hoy, doble. Que no se diga que se me han acabado las ideas. De todas formarmas, antes de escribir el artículo, me gustaría adelantar que John Wohl está a la puertas de conseguir algo. En un mes sabré la respuesta y todos los detalles, que podré hacerlo. De momento me voy a mantener callado para no estropearlo. Lo dicho, al lío.
Resulta que estaba en el metro y me ha tocado estar de pie (¿sentarse a las 7 de la tarde?) junto a dos niños, de unos seis años, calculo. Por norma general todos los niños me irritan demasiado, pero estos me han caído simpáticos.
Eran hermanos, niño y niña, e iban con su madre. Después de haber maldecido para mis adentros el hecho de terner que aguntar las tonterías de los niños, me he dicho, “va, a ver qué dicen, igual es divertido”. La cosa es que estaban jugando con el reflejo de un chupachús, en el cristal de las puertas. Me ha parecido curioso porque, desde el punto de vista de ellos, debía de parecer que lo tenían incrustado en la cabeza, y luego se lo pasaban al pelo de la gente. Suerte que los reflejos no manchan. Eso sí, la madre tenía cara de estreñida, no parecía hacerle gracia que sus hijxs jugaran con algo que sólo podían entender ellos.
Pero ahí no se acababa la cosa. Al llegar al Casco Viejo, la hermana tenía una muy buena explicación para el nombre de la parada, cosa que parecía interesarle mucho al hermano. Y es que Casco Viejo es el marido de Casca Vieja, pero Casca Vieja no tiene parada, porque no pueden estar en el mismo metro juntos. ¿Quién sabe? Igual Casca Vieja está en el metro de Madrid.
Y luego ha venido la mejor parte. El hermano le ha dicho a su madre que han avisado en el colegio que el próximo día habrá reunión de padres. Eso sí, no como la otra, esta vez sólo para Padres, que a todas las demás van las Madres.
Una pena que llegase mi parada, quería seguir disfrutando de los comentarios de los niños, que tan bien se lo pasaban. Pero la cosa no es esa. Lo que más me ha llamado la atención es ver cómo para divertirse usaban algo tan simple como un reflejo, sin acudir a las odiosas maquinitas. Dejaban volar su imaginación y se daban explicaciones absurdas, pero lógicas al fin y al cobo. Y la inocencia de los dos por no entender que en castellano no exista una palabra para denominar al padre y a la madre por igual.
¿Está avanzando intelectualmente esta sociedad?














Últimos comentarios