Como si de una buena serie se tratase, aquí estamos de vuelta una semana después de haber contado la primera parte. ¿Con ganas de escuchar el final de la aventura? Toma posición, el viaje no será muy largo, pero prometo que será intenso.
Era sábado por la mañana cuando nos despertamos. ¿Resaca del cumple de Shun? Quizá, yo un poco, Shun por otra parte… Eso es sufrir y no lo que hacen en Guantánamo. En fin, que era día en el que teníamos una cita ineludible. Cuando conseguimos comer aquel cuarto de kilo setas (hmmm, qué ricas), nos dirigimos a Ventas, con un importante documento en mano que debía ser entregado a una mujer muy especial. Mientras esperábamos, Shun y yo no pudimos evitar hacer el moñas con la estátua del torero y el Dr. Fleming. Hay fotos que lo demuestran, aunque nunca las vaya a ver nadie. Y de repente allí estaban Pedro y Andrea. Para el que no lo recuerde, Pedro es con quien habíamos quedado el día anterior que nos hizo llegar tarde al cumple de Shun al que todo el mundo llegó tarde… vaya hombre.
Volvamos a la historia principal. Andrea y Pedro, Pedro y Andrea. Todo un placer conocerte, Andrea, eres un encanto. Después de una charla sobre autobuses de los Simpson y caza de personas en las discotecas (no para ligar precisamente) cada uno tuvo que volver a sus respectivas casas, yo obviamente volví con Shun, que teníamos que prepararnos, ya que esa noche íbamos a salir por Chueca. Aunque eso de llegar a casa se iba a complicar ya que, intentando ir al Palacio de los Deportes para coger el bus a Santa Eugenia Shun cogió una llamada que la mosqueó (Kb nos dejaba tirados y no salía. Todavía no estás perdonado, que lo sepas) y empezó a caminar entre calles. Claro… uno que no es de la ciudad pues como que no sabe por dónde le llevan. En fin, de alguna forma misteriosa conseguimos llegar.
Una rica cena a base de patatas fritas y lomo (Qué bien se come en casa de Shun
) salimos de casa, dejando atrás la jauría de perros y nos dirigimos al metro. El cansancio había mellado en nosotros, además al final sólo estábamos Shun y yo. No iba a ser un impedimento para pasarlo bien. Chueca, la verdad… dejó un poco que desear. Después de haber estado en un Fábrica de Pan, ser invitados a un Elixir y terminado en un Escaparate, antes de lo que creíamos todas las persianas estaban bajadas, y las que no tenían colas kilométricas a la que por supuesto no teníamos intención de esperar. Pero la noche era joven, así que ya que estábamos caminando como noctámbulos por Gran Vía, por qué no, nos acercamos hasta Sol. Tenía una foto pendiente. Exacto, la foto de la entrega anterior. Kilómetro Zero.
Una vez con la foto en mi poder y sin nada mejor que hacer, desrecorrimos el camino hecho y nos dirigimos a Alonso Martínez (que sí, que andamos mucho aquella noche), íbamos a probar a pasar el final de la noche en el FOG, pero ¡oh! Decepción, estaban poniendo música de mascachapa. La mejor opción, volver a casa, donde nos esperaban Violeta y María, sin punkis. ¿Qué hacer para aprovechar que el ordenador estaba libre? ¡Ver Mulán! Aunque claro, para mí fue un problema porque me quedé dormido al de diez minutos…
Y desperté al día siguiente. Era domingo, teníamos un plan un tanto caprichoso… pero eso tendrá que esperar a una tercera entrega. ¿Por qué? En realidad es porque tengo que irme a clase ahora mismo y no me da tiempo a contar el final. Pero aquí os dejo una foto como adelanto.

Exacto, en la puerta de Alcalá. No te pierdas la tercera y última entrega de SEGUNDO VIAJE AL CENTRO. Próximanente aquí, en Reyweldon Blog.














Últimos comentarios