Disculpen mis queridos lectores el haberme retrasado un día en dar la conclusión a aquel viaje que hice tres semanas atrás. Parece que fue ayer… aunque casi podía haber escrito directamente en la entrada anterior, ya que los pequeños detalles que me hacen rellenar líneas y líneas se me han ido difuminando. Da igual, allá va, el final de la aventura.
Era Domingo por la mañana, Madrid, un sol encantador y un agradable ambiente. El plan era sencillo, ir al centro, visitar el Padro y pasear por el Retiro. Para ello, Shun y yo habíamos quedado en Atocha con Pedro, Andrea, Jorge y Julia. Vamos, multitud. Un incidente hizo que Andrea no pudiera asisitir, algo parecido en le pasó a Pedro, que demoró su llegada una hora. No importaba, habíamos visitado el monumento al 11-M y fuimos a tomar café. Sí, café, era lo que necesitábamos para poder aguantar, ya que algunos, como Shun y yo, habíamos salido por la noche, (¿eh? Jaupi, Kabe, gandules… Ni siquiera os sigo llamando Jaupi-Kabe para que la gente no sepa que vinisteis al Retiro). Por fin Pedro apareció y entramos al Prado. No sé hasta qué punto puedo puedo describir los cuadros, igual violo algún derecho de autor. Había cuadros, estaban pintados. Si os gustan los cuadros que están pintados, id allí, los hay a patadas. No tantas estatuas como a mí me hubira gustado, pero oye. Fue curioso vernos a Pedro y a mí caminando por esos impresionantes pasillos y sus salas misteriosas. Exacto, se nos ocurrienron desde escenas de misterio hasta una rerepresentación de la escena del Hall de Matrix. (¿Qué? ¿No están los museos para potenciar la creatividad?).
Después del Prado, aunque hubiera anochedido, nos dirigimos los cinco al retiro, en una agradable Nananá hasta llegar hasta… ¿el monumento del lago? Que tenía varias columnas en semicírculo y gente muy maja tocando bongos. Qué ritmo, toda la gente ahí totalmente despreocupada, al fresco de la noche, con un risueño en los ojos… desde luego, lo mejor del día. Aunque después llegó la pantomima de Cibeles, que nos llevó rato conseguirlo, fotos con vacas, alguna esra muuusicales y otras tenían… cosas raras. ¿para qué ser más explícitos?.
Así que caminamos por… calles, dirección Alonso Martinez (hace dos semanas me acordaba de los nombres, supongo que se me han ido olvidando) y, sorpresa, estábamos en la calle del FOG, y en ese momento me enteré que el edificio blanco de enfrente era la sede de la SGAE. No pude evitarlo, les escupí (bueno, si esta acción tiene derechos de autor diré que escupí sin ánimo de lucro y en una imitación para homenajear al autor original). Parece que no llega ninguan citación judicial, no he puesto nada malo.
Y cenamos, un Kebbap, que aunque pueda sorprender, era el segundo que comía en mi vida. El primero fue en el primer viaje a Madrid. ¿Será que sólo puedo comer kebbaps en Madrid? ¿Y cómo se dice, “Kebbaps” o “Kebbapes”? ¿O ni siquiera se escribe “Kebbap”?
En fin, que el viaje a Madrid estaba dando a su fin. Me despedí de Julia, que no la vería más y Shun y yo volvimos a Santa Eugenia. Última botella de txakolí para despedirme de María, Aída (o Aiza, no me quedó claro) y Cristian, y un capítulo de Doctor en Alasca antes de ir a dormir. Llegó el Lunes y la rutina volvía a todas nuestras vidas. Shun se fue a trabajar después de dejarme en el metro, dirección a Avenida América, donde me custodiaron Pedro y Kabe hasta que cogí el autobús de vuelta a Bilbao.
Y así, en estas tres entregas os he relatado los días que pasé en Madrid. Atrás queda ya la hipoglucemia del SNL, los problemas para conseguir abrir las botellas de txakolí, la riadas de Kaos por la casa, las patadas a los toreros, los constantes viajes en metro/bus/tren para quedar con todo el mundo, los bongos del retiro, las discusiones por qué ver en el ordenador, los paseos invespertinos por Santa Eugenia, los abrazos de Shunsunita (en realidad, en vez de “abrazos” iba a escribir “ronquidos”
), la caña de Moncloa, la quedada en Ventas, la sangre de Satanás, el “ven conmigo” de Frodo, el “vasco” de Novio, el vozca escondido en el FOG, y sobre todo, allí os habéis quedado vosotros, Jaupi, Kabe, Maria, Pedro, Andrea y sobre tú, Shunshu. Muchas gracias a todos (a los que nombro y a los que no) por hacer tan grande el fin de semana y a ti Shun, por dejarme querete tanto.
Y ahora sí, me despido hasta la próxima vez. Nos volveremos a ver, Madrid.












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