Este puente de mayo parece que ha sido una inspiración para todos aquellos bloguers (nadie sabe cómo se escribe esta palabra, la RAE no se ha pronunciado al respecto; ésta es mi proposición) que llevaban cierto tiempo sin escribir. No pienso disculparme por llevar mucho tiempo sin escribir, simplemente, no me apetecía, y como aquí sólo entran cuatro gatos con los que acostumbro a estar en contacto, tampoco he sentido esa apremiante necesidad de escribir.
En este momento tengo en frente un termo de café lleno de agua, un vaso de agua lleno de café, un libro de Mecánica Cuántica esperándome para que desentrañe sus misterios y un calendario que marca cuántos días restan para el inicio de exámenes. Creo que debería organizar un poco mi escritorio.
Pero es cierto, llevo todo un mes sin escribir y, todo sea dicho, he hecho unas cuantas cosas y descubierto otras tantas. Como por ejemplo lo perjudicial que es el alcohol para la salud mental a la hora de ingerirlo. Sí, te convierte en otra cosa. Por lo general te vuelvo un poco más dicharachero, pero en ocasiones (vale, casi siempre) en esa dicha van frases que realmente no querías compartir. Un grave problema de la lengua, que se menea y se menea y suelta “bellezas” de la prosa sin sentido.
La verdad es que ya he perdido el sentido de la entrada. Lo único que únicamente me preocupa es que cada vez escribo menos, y es algo que me gusta hacer. Y no es por falta de tiempo, porque desde diciembre dispongo de más tiempo del que tuve en los últimos dos años. Hay días y días, en el que sólo hago el primer paso de empezar a escribir: pensar. Pienso cosas, historias, anécdotas (ficticias o no) pero luego, terminan como anotaciones en un cuaderno… y ahí se quedan. No las rescato como solía hacer.
Llevo meses sin volverme a poner a escribir los capítulos de John Wohl, pero sin embargo me afano en corregir los de la primera novela. Todo es un sinsetido. La correción es la parte más difícil de escribir una novela, o eso me parece a mí. Por suerte, según avanzo las páginas más satisfecho me siento, ya que soy más consciente de dónde falla la historia y puedo arreglarlo… así que no sé.
La verdad es que no me lamento de nada. Tengo muy buenos recuerdos de estos últimos meses y a pesar de que no he avanzado mucho en mi carrera artística (qué cutre suena esto, piensa en eliminarlo cuando hagas la revisión de la entrada, o pon un sinónimo que suene mejor, porque tío, cuando quieres puedes sonar gilipollas como tú mismo. Ale ale, que pierdes el ritmo) puedo decirme o engañarme con que he estado recolectado experiencias, cosa que es verdad. Para qué mentir, he tenido una época dorada estos días que dudo que nunca olvide. Igual que no se olvida las primeras veces que sales y lo pasas en grande, las primeras veces que te sientes parte de un grupo más grande, las primeras veces que… ejem, y las primeras veces que te siente feliz contigo y con los demás.
Así que ahora que ya he cumplido con mi cometido de escribir aquí en el mes de Mayo. Vamos a por lo exámenes.
Por cierto, se me ha ocurrido que ya que este blog es bastante abierto (y no de piernas, pervertidos) podríais dejarme en los comentarios preguntas o temas sobre los que hablar en las entradas. No es un intento desesperado de encontrar temas de conversación, no me malinterpretéis, es simplemente por complacer a los gatos; el secreto del buen sexo.
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